jueves, 14 de enero de 2010

¡Que raros eran estos romanos!

De los romanos hemos heredado mil y una cosas (y menos mal), como el alquilar pisos, el agua potable en las casas o los centros comerciales. Pero, entre otras muchas cosas, también hemos heredado la lengua, y dentro de la lengua, algunas palabras con etimologías más que curiosas (y divertidas).
Por ejemplo, nuestra costumbre de jurar decir la verdad y nada más que la verdad sobre una Bíblia, viene de los romanos, pero ellos tenían una pequeña variante: en vez de jurar sobre la Bíblia, juraban agarrándose los testículos con la mano derecha. Y (ahora viene lo divertido) de ahí viene la palabra testificar. ¿Es o no es una etimología para recordar? Por otro lado, cabe decir, que con todo el respeto del mundo para los cristianos, jurar por tus cojones es algo... muy serio.
Pero, de la misma manera que heredamos cosas de unos, se nos olvida cojer tradiciones de otros, a veces tan fascinantes como el fantástico método anticonceptivo (y digo anti porque lo he leido así, pero desde luego yo no me fiaría demasiado) de las mujeres karo-botak, de Sumatra, que se introducian una bola de ópio en la vagina (y no, no por diversión, sino que ESO es el método anticonceptivo).
Aunque, debo decir, que hay cosas que es mejor no haber heredado, que hay grandes civilizaciones, pero todas tienen sus... cosillas. Como hay grandes países, Índia sin ir más lejos (porque cerca, cerca no está), que a los moribundos y desahuciados se los lleva al río Ganges, y se les llena la boca de tierra, para ahogarlos en las Aguas Sagradas (adoro los nombres tan sarcásticos, como el de las aguas del río Ganges).

©TIMOTHY WILLIAM

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